Temporada concentracionaria
Campo de concentración Tres Álamos, mujeresTres Álamos fue un campo de concentración para prisioneras y prisioneros políticos, designado principalmente como un espacio de tránsito, aunque también incluía una zona de tortura e incomunicación, conocida como Cuatro Álamos.
En 1973, el recinto, que previamente pertenecía a una congregación religiosa, fue adquirido por el Estado de Chile. Originalmente, el lugar albergaba una gran casona con amplios espacios recreativos, como una cancha de tenis y fútbol, destinada a recibir seminaristas durante sus estudios. Sin embargo, a pesar de los nobles fines para los que fue destinado, el lugar se convirtió en escenario de algunos de los episodios más oscuros de la historia del país.
Convertido en campo de concentración, el complejo fue dividido en dos áreas principales: Tres Álamos, destinado a la detención y que operaba bajo ciertas normas de transparencia, y Cuatro Álamos, un espacio clandestino donde los/as prisioneros/as (tanto de Tres Álamos como de otros recintos) eran sometidos/as a interrogatorios y torturas para obtener información.
En Cuatro Álamos no existían registros oficiales ni listas de prisioneros/as, y algunas de las personas que pasaron por este lugar aún figuran como detenidos/as desaparecidos/as. Este sector de tortura constaba de 12 celdas.
Descripción del campo
Ubicado en la Región Metropolitana, en la comuna de San Joaquín, Tres Álamos mujeres se encontraba en la calle Canadá #53, hoy numerada como #5351-5359, muy cerca de importantes avenidas como Vicuña Mackenna y Departamental, en una de las zonas más pobladas de Santiago.
Este campo era administrado por Carabineros de Chile bajo la supervisión de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), comenzando a operar en junio de 1974 y cerrando su funcionamiento en 1976. Tres Álamos es considerado uno de los últimos centros de detención que sustituyeron al Estadio Chile, actual Estadio Víctor Jara.
Se estima que el año con mayor cantidad de detenidos y detenidas fue 1975.
El espacio, reabierto en la década de los noventa, ha sido objeto de controversia a lo largo de los años. En la actualidad, las instalaciones albergan un centro del Servicio Nacional de Menores (SENAME) para niños y jóvenes infractores de ley.
En enero de 2024, se estableció un cierre progresivo de las dependencias para transferirlas a la Corporación Tres y Cuatro Álamos, con el objetivo de convertir el lugar en Sitio de Memoria.
Los prisioneros y las prisioneras fueron segregados en dos secciones separadas: Tres Álamos mujeres y Tres Álamos hombres. Aunque ambos espacios estaban en el mismo lugar, el enfoque de este relato se centrará exclusivamente en Tres Álamos mujeres.
Tres Álamos: sección mujeres
Este campo de detención, con una extensión aproximada de dos hectáreas, se diferenciaba de otros recintos al estar bajo la supervisión de Carabineros de Chile. Inicialmente, el oficial a cargo fue Conrado Pacheco Cárdenas, seguido por el mayor Domingo Zabaleta.
Se estima que alrededor de 6.000 personas pasaron por este campo, lo que lo convierte en uno de los recintos con mayor número de detenidos/as. Las mujeres vivían en la Barraca, una estructura de madera con catorce habitaciones y baños. El campo estaba rodeado de alambres de púas, y vigilado constantemente por guardias en torres que controlaban el patio interior.
Las condiciones de vida eran precarias; las detenidas dormían en literas estrechas, dos por cama, dentro de celdas de apenas seis metros cuadrados. El hacinamiento era una constante, y aunque algunas prisioneras consideraban el lugar menos hostil que otros, la violencia y los castigos seguían presentes. Estas represalias incluían la suspensión de visitas, la reducción de alimentos y la falta de condiciones higiénicas adecuadas.
A diferencia de otros centros, aquí las detenidas, muchas con hijos/as o embarazadas, ingresaban después de haber sido trasladadas desde otros centros de tortura.
Al llegar, muchas de ellas gravemente heridas y mostrando claros signos de violencia física y psicológica, debían seguir un protocolo: se identificaban, firmaban un libro de registro y aseguraban no haber sido maltratadas durante el ingreso, pese a que los signos de abuso, en algunos casos, eran evidentes.
En el recinto se les permitía recibir visitas familiares, generalmente una o dos veces por semana. A pesar de las condiciones inhumanas, las detenidas en Tres Álamos podían aspirar, al menos, a una posible liberación, que en la mayoría de los casos significaba el exilio.
Mi celda, dibujado por Claudio Zaror Z. en Tres Álamos el 27 de mayo de 1975. Archivo Museo de la Memoria.
Además de la violencia física y psicológica, las mujeres enfrentaban un tipo de agresión específica y sistemática vinculada a su condición de género y su participación política: la hoy reconocida violencia política sexual.
Por ser militantes o simpatizantes de ideologías de izquierda, y por el simple hecho de ser mujeres, eran sometidas a actos de crueldad que buscaban no solo castigarlas por su ideología, sino también por transgredir los roles de género tradicionales al involucrarse en asuntos de la política, destinada a los hombres. Esta violencia se manifiesta en insultos y humillaciones que las denigran, culpándolas por «abandonar» su supuesto lugar en la esfera privada, el hogar.
Sin embargo, iba mucho más allá, materializándose en abusos sexuales sistemáticos, como violaciones cometidas por múltiples agresores, integrantes de las fuerzas de seguridad, los carabineros. En algunos casos, los sobrevivientes debieron enfrentar embarazos forzados como resultado de estos ataques, lo que añadía otra capa de brutalidad a la opresión que padecían.
Esta forma de violencia no solo buscaba castigar, sino también anular su subjetividad y su agencia política, transformando sus cuerpos en un campo de batalla donde se expresaba el control y la dominación.
A pesar del contexto de represión, muchas de las detenidas mantenían una fuerte convicción política. A través de reuniones y conversaciones, continuaba no solo una militancia ideológica, sino que también surgía una conciencia feminista, asimismo, reconociendo que su exclusión también respondía a las lógicas patriarcales presentes incluso dentro de sus propias militancias.
“Me arrancaron mi hijo, me lo mataron y me hicieron ver cómo lo mataban. Eso es algo que está ahí, que es parte del castigo por estar en donde no debes estar; y por además albergar a un “potencial enemigo”, que es algo ya completamente insólito, digamos.
[…] La violencia sexual se cometió, fundamentalmente (y me alegro mucho que la gente esté hoy día también abriéndose a ese aspecto con las disidencias) porque a todos había que normalizarlos.
No sólo la mujer tenía que estar donde debe estar, sino que nadie que se saliera del patrón de conducta hombre-mujer era aceptado y, por lo tanto, era sodomizado y era violentado.”
Haydee Oberreuter, entrevistada por Corentin Rostollan-Sinet y Lorena Saavedra González (inédito), Santiago, 2024.
Temporada
Lo que se describe a continuación se origina a partir, principalmente, de testimonios levantados a través de entrevistas con algunas ex prisioneras del campo de concentración para mujeres de Tres Álamos: Ana Fernández Ulloa, Nieves Ayress, María Angélica Barrientos, Susana Delia Vergara y Haydee Oberreuter.
De estas conversaciones se desprenden algunos actos artísticos/escénicos que pasaremos a señalar, y que son consideradas por las sobrevivientes como actos de resistencia, instancias que les permitían un alto en el tiempo para poder emancipar sus pensamientos de las situaciones de violencia ejercida sobre sus cuerpos y mentes. En esta línea, las mujeres detenidas lograban crear momentos de libertad y recuperar su humanidad en un espacio diseñado para destruir su identidad.
“Yo creo que el teatro fue facilitador, porque… Tú sabes que […] en Tres Álamos una entraba desconfiada al inicio. Venías saliendo de la tortura con la DINA, y de repente llegas a un grupo de mujeres que todo el mundo te sonríe, te hace cariño, te tiran el pelo, te peinan y qué sé yo… Y hay mucha desconfianza.
Tú no sabes quiénes son, entonces al principio, te metes bien para adentro. Y poco a poco vas seleccionando tus cercanías, y las vas creando.
[…] Pero se podía, se podía con compañerismo cuando una iba armando su grupo, con confianza, que costó al principio.”
Susana Delia Vergara, entrevistada por Corentin Rostollan-Sinet y Lorena Saavedra González (inédito), Viña del Mar, 2024.
“Lo que más gatilla el teatro en cautiverio es que te da la posibilidad de ser libre. […] Te hace desarrollar esas capacidades, todo este histrionismo que podemos ir descubriendo en cada una de las personas que participa como actriz.
[…] Por eso pienso que el teatro es muy sanador, y no sólo en el sentido de instalarse frente a un público y declamar. Detrás del teatro hay muchas cosas.”
María Angélica Barrientos, entrevistada por Corentin Rostollan-Sinet y Lorena Saavedra González (inédito), Viña del Mar, 2024..
Si bien no podríamos hablar, en el caso específico de Tres Álamos mujeres, de obras teatrales en el sentido tradicional del término, si se puede aludir a actividades teatrales, intervenciones y sketch, algunos improvisados y otros más preparados; que servían para animar a las compañeras y crear espacios de acompañamiento ante eventos como cumpleaños, aniversarios, matrimonios, etc.
Asimismo, dada las características que tenían las acciones, podríamos hablar de actos de agitación e inclusive acciones como instancias performativas.
Según las entrevistas efectuadas, quienes lideraban las acciones artísticas, sus ideas, preparativos y ejecución eran, principalmente, Nieves Ayress, Sara Astica, Marieta Castro y Frida Klimpel, quienes ejercían el rol de lo que podríamos denominar como directoras.
Todas ellas, salvo Nieves Ayress (quien participó e integró grupos de teatro en su etapa escolar) tenían un vínculo con el arte teatral de modo más profesional. La primera, Sara Astica fue una destacada actriz formada en la Universidad Católica de Chile; la segunda, Marietta Castro, actriz integrante de la compañía Teatro Aleph junto a su hermano Óscar Castro; y, por último, Frida Klimpel, actriz de Valparaíso e integrante de ATEVA (Agrupación Teatral de Valparaíso).
Si bien ellas son señaladas como las cabecillas a cargo de los distintos actos, otras prisioneras participan y aportan desde su expertiz, pese a no tener un vínculo profesional con el teatro. Sin embargo, algunas de las entrevistadas y otros nombres que señalan, en su etapa escolar y adolescencia, habían realizado talleres ya sea de teatro o de otra rama de las artes.
Patio de Tres Álamos, dibujo de Claudio Zaror Z., 27 de mayo de 1975. Archivo Museo de la Memoria.
De los testimonios obtenidos se puede constatar, por una parte, que algunas de las acciones realizadas en el marco de su detención eran actos espontáneos que dice relación con recrear y animar cumpleaños, aniversarios, acompañamientos cuando ingresaba o salía una prisionera, etc.; instancias que, al igual que algunas peñas, eran acompañadas con canciones, instrumentos musicales y pequeñas coreografías.
Por otra parte, se puede hablar de “actos” y/o “representaciones” que tenían una mayor preparación, unos más lúdicos como el Festival de la canción de Viña del Mar (improvisado y parodiado dentro del campo) y otros más temáticos como, por ejemplo: Arauco lucha por su sobrevivencia, Contra el Vietnam, Día de la Mujer y el Día del Trabajador.
Dichas actividades eran producidas con mayor antelación, mencionando que algunas de ellas tenían pequeños libretos escritos para la ocasión. De este grupo de obras, unas poseían una connotación más política; no obstante, eran descritas como obras políticas con humor para que pudieran presentarse sin problemas (pues las acciones debían ser autorizadas por las autoridades pertinentes que custodiaban el recinto).
Escénicamente, estas actividades eran realizadas en el patio central del campo.
En él se ubicaban mesas de madera traídas desde el comedor o caballetes con tablones siendo ubicadas al centro del patio, proporcionando cierta altura y, por ende, entendido como el escenario principal. Las espectadoras se ubicaban alrededor del escenario, mayormente de pie, para disfrutar de los espectáculos.
Semejantes montajes escénicos eran realizados una vez por semana. En relación a los vestuarios, se comenta de la existencia de un baúl, al parecer traído desde otro recinto desde Pirque, el cual contenía algunos ropajes y uniformes facilitados por la Cruz Roja. También se confeccionaban ropas a partir de las propias prendas que tenían las prisioneras y de algunos objetos o vestimentas traídas por familiares en sus visitas. Ellas cosían, parchaban, lavaban y arreglaban las ropas y objetos para las actividades no teniendo ayuda o colaboración de las autoridades del campo de concentración.
La posibilidad de realizar este tipo de actos, según los testimonios, se debe a la repercusión mundial del Golpe, por lo cual leyes internacionales de Derechos Humanos, el acuerdo de Ginebra, la ONU, asociaciones religiosas, entre otras, fueron quienes contribuyeron a que las prisioneras pudiesen tener un “mejor pasar” al interior del campo.
Todo lo anterior se considera no sólo como un acto de resistencia sino también una forma de rebeldía y organización, entendiendo el teatro como instancia de unión y terapia para mejorar la calidad de vida al interior de los campos.
“Yo soy teatrera por excelencia; no me cuesta mucho ponerme en un contexto y después, según las circunstancias, ponerme en otro. Eso no significa que deje de ser yo, ¿te fijas? Es una cuestión de sobrevivencia pura.
Y pensaba: ¿qué es lo que era el teatro para nosotras? Terapia, absolutamente.
Para el común de las presas, sin saberlo. Para las compañeras que eran actrices, directoras de teatro, era su profesión, algo innato en ellas. Pero yo vi ahí la importancia de cómo nos íbamos involucrando las que no teníamos idea de lo que era el teatro, sin saber que lo que estábamos haciendo era teatro.”
María Angélica Barrientos, entrevistada por Corentin Rostollan-Sinet y Lorena Saavedra González (inédito), Viña del Mar, 2024.
“El teatro que desarrollaron fundamentalmente, en el caso nuestro, dos diosas (una fallecida ya, la Marietta Castro; y otra, la Nieves Ayress, preciosa) tenía que ver con que tenían la capacidad de… de alguna manera, de calibrar cuál era el ambiente interno.
Cuando había una situación de máxima tensión, ellas se las encargaban para –de la nada, con un par de trapos, con un cucurucho de papel, lo que fuera– armar un atuendo, salir a burlarse de alguien, como el bardo puede anunciar algo en la plaza. […]
Eso es, yo diría, parte importantísima de la tarea que ellas desarrollaron. Sin lo cual el campo hubiera sido horror absoluto.”
Haydee Oberreuter, entrevistada por Corentin Rostollan-Sinet y Lorena Saavedra González (inédito), Santiago, 2024.
a. El Festival de Viña
Esta actividad es una de las más mencionadas por las prisioneras y, tal como su nombre lo dice, corresponde a una recreación del famoso Festival Internacional de la canción de Viña del Mar, evento musical icónico de Latinoamérica efectuado en la temporada de verano en la ciudad jardín desde el año 1960, en el mes de febrero.
La instancia consistía en la representación e imitación de diversas cantantes (Celia Cruz, Janette) que participaban del Festival de manera contemporánea al encarcelamiento concentracionario de las prisioneras; para conseguir el primer lugar y, por ende, ser la ganadora, a la cual se le entregaba una antorcha de papel creada por sus compañeras.
A cada una se le asignaba o elegía una artista que iban subiendo al escenario principal ubicado al centro del patio. Al escoger una artista, la prisionera la personificaba a través del vestuario, peinado y accesorios, pero también debía imitar su corporalidad y gestualidad. Debían ser lo más parecida posible, destacando la comicidad a raíz de sus apariencias, pero también en algunas, su calidad vocal.
“Cuando hicimos el Festival de Viña, lo hicimos pero así exacto, con todo. Con el escenario, con el vestuario… Me acuerdo que yo hice de la Celia Cruz.
Me hicieron el pelo todo así chiquitito, me pintaron la cara con betún [ríe], las manos y las mangas que usaba ella, las enaguas que se usaban en esa época, amarradas aquí, medias brillantes…
Inventábamos, y quedaban los trajes igual como salían las artistas. Con antorcha, con todo.”
Nieves Ayress Moreno, entrevistada por Corentin Rostollan-Sinet (inédito), Nueva York, 2019.
La actividad consta de dos versiones, la primera el año 1975 y, la segunda, el año 1976. El Festival de Viña era una instancia lúdica y recreativa en que el histrionismo daba espacio al humor y la risa, sirviendo como aliciente para la cotidianidad que se vivía al interior del campo.
b. El Soporopo
El Soporopo (nombre que nace a raíz de la deformación de “sopa de porotos”, alimento recurrente en el campo) corresponde a una pieza teatral que se realizó en el año 1975.
Su particularidad es la manipulación de un muñeco de trapo (el Soporopo) que era confeccionado por las mismas prisioneras y destinado a entretener, especialmente, a niños y niñas. La actividad se realizó en el marco de la Navidad de 1975.
A partir de este acto y a través del humor, las prisioneras buscaban alivianar la vida de ellas y alegrar a los/las más pequeños/as que vivían allí o que llegaban de visitas, buscando captar su atención para alegrar la velada. Estos muñecos, de no más de 10 cm, eran confeccionados con material que tenían a mano, como telas, sus propias ropas, sacos, lanas, etc. y rellenos de algodón, también siendo regalados a los/las niños y niñas.
Es importante señalar que, pese a que el objetivo es destacar las acciones teatrales, este muñeco ha trascendido hasta el día de hoy. Este objeto de confección artesanal sirvió como medio de transmisión de información ya que dentro de ellos se enviaban mensajes a familiares para que supieran de sus condiciones de vida al interior del campo.
Soporopo confeccionado en el campo de concentración de Tres Álamos por María Virginia Hernández Croquevielle. Cara pintada por Blanca Ovando.
Fondo María Virginia Hernández Croquevielle. Archivo Museo de la Memoria.
c. Arauco lucha por su sobrevivencia; Contra el Vietnam; el Día de la Mujer y el Día del Trabajador
Las actividades tituladas Arauco lucha por su sobrevivencia, Contra el Vietnam, Día de la Mujer y Día del Trabajador constituyen expresiones teatrales que, aunque fragmentarias en sus registros, nos ofrecen pistas sobre un teatro profundamente político, orientado hacia la agitación y la movilización simbólica en un contexto de represión y censura.
Estas iniciativas parecen responder a un esfuerzo colectivo por sostener y visibilizar las luchas ideológicas, sociales y culturales en un espacio marcado por la violencia institucional.
Todas fueron realizadas a principios del año 1975; la tercera con fecha del 8 de marzo de 1975 y la cuarta, del 1 de mayo del mismo año.
Arauco lucha por su sobrevivencia, cuya fecha exacta de representación es desconocida, sugiere un vínculo directo con la resistencia histórica del pueblo mapuche, articulando una narrativa que dialoga con la memoria histórica de lucha por la tierra, la identidad y la justicia social.
De ella se sabe que existió un texto creado específicamente para la representación, y del cual al día de hoy no existe rastro. Las entrevistadas señalan que realizar visualmente esta representación fue muy complejo debido a la ropa que usaban y usan los/las Mapuche y que para las prisioneras era más difícil al no tener elementos propios de la cultura.
En todo caso, y más allá de estos detalles técnicos, se puede inferir un paralelismo entre la lucha por la sobrevivencia del pueblo Mapuche a mano de los colonizadores y luego del propio Estado chileno, y la lucha de hombres y mujeres partidarios de ideologías de izquierda frente a los golpistas.
“Hablar de teatro nos hacía tan bien. Marietta sacó de su bolsillo una hoja carta con un copihue.
Era una invitación para su próxima obra. “–Con Nieves Ayress, estamos escribiendo una obra sobre los Mapuche. Se viene el estreno”.
La visita ya llegaba a su fin. Nos abrazamos un largo rato, sin llorar. Un abrazo maravilloso.”
Óscar Castro Ramírez, en un texto inédito (póstumo).
Contra el Vietnam, realizada en 1975, refleja una clara identificación con las luchas globales contra el imperialismo y la intervención extranjera, un tema recurrente en el teatro de agitación de la época. Tomando un hecho contextual contemporáneo, en el marco de la guerra fría, la obra critica la intervención de los Estados Unidos en la guerra como lo ha sido también en las dictaduras latinoamericanas.
Esta actividad evidencia la voluntad de las prisioneras de situarse dentro de un contexto internacionalista, estableciendo conexiones simbólicas entre su propia resistencia y los movimientos de liberación en otras partes del mundo.
Las conmemoraciones del Día de la Mujer (8 de marzo de 1975) y del Día del Trabajador (1 de mayo de 1975) se destacan como eventos con una profunda carga política y simbólica.
En el caso del Día de la Mujer, se intuye un intento por reivindicar el papel de las mujeres no solo en la resistencia política, sino también en su lucha por la igualdad de derechos en un sistema patriarcal exacerbado por la dictadura. Por su parte, el Día del Trabajador inscribe al teatro como una herramienta para exaltar la memoria histórica de las luchas laborales.
Estos actos eran organizados y originados en instancias previas de conversación, entendiéndose su preparación y presentación como espacios políticos- pedagógicos.
Conclusiones
El campo de concentración para mujeres de Tres Álamos fue, como muchos otros centros de detención durante la dictadura chilena,
un espacio de represión brutal en el que las prisioneras fueron sometidas a condiciones inhumanas, inclusive torturas específicas por su género.
Sin embargo, las mujeres que vivieron esta experiencia buscaron maneras de resistir y sobrevivir no solo en el plano físico, sino también en el psicológico y emocional.
Las acciones teatrales que surgieron dentro del campo de Tres Álamos mujeres jugaron un rol fundamental en la resiliencia de las mujeres, agitando a sus compañeras a participar de acciones diversas y proporcionando, de este modo, una vía de escape, aunque momentáneo, a la cotidianidad opresiva del día a día.
Los actos conmemorativos, shows e instancias performáticas fueron mucho más que un simple pasatiempo o una actividad de distracción.
Más allá del humor o dinámicas festivas, el teatro se convirtió en un acto político, una herramienta de resistencia frente al despojo de su identidad y su dignidad.
Principalmente, el juego, lo lúdico, pero también la conciencia de lo que ocurría en el país y el mundo fue lo que materializaron utilizando la creatividad, de este modo, logrando espacios de tiempo de cierta unidad, comunidad y libertad.

