Temporada concentracionaria

Campo de concentración Pisagua

Fotografías del pueblo de Pisagua (equipo ANTECO, inédito, 2024)

Ubicación y organización

La ubicación administrativa de Pisagua, en lo que concierne al antes y después del golpe de Estado de 1973, refleja los cambios derivados de la evolución político-administrativa de Chile.

Tras su incorporación a territorio chileno posterior a la Guerra del Pacífico (1883), Pisagua pasó a formar parte de la provincia de Tarapacá. En 1970, esta provincia se transformó en parte de la Primera Región de Tarapacá, bajo una nueva división administrativa. Más adelante, en 2007, la región fue subdividida, creando la Región de Arica y Parinacota y manteniendo a Pisagua dentro de los límites de la actual Región de Tarapacá. Hoy, administrativamente pertenece a la comuna de Huara.

Pisagua es una localidad costera situada en el Norte Grande de Chile, al norte de la ciudad de Iquique, entre los ríos Camarones y Loa. Durante el auge salitrero, Pisagua alcanzó reconocimiento como la “ciudad de gloria”, un puerto de relevancia internacional gracias a su rol estratégico en la exportación de salitre. Su posición geográfica, combinada con la prosperidad económica de la industria, le otorgó un estatus clave en la región. Sin embargo, con el descenso del salitre natural debido a la irrupción del salitre sintético y las crisis económicas posteriores, Pisagua fue perdiendo gradualmente su importancia económica y estratégica. Este declive marcó su transición de un puerto vibrante a un pueblo pequeño y aislado, despojado de su esplendor.

Actualmente, Pisagua sobrevive principalmente gracias a la pesca artesanal y la recolección de algas marinas, actividades que sostienen a su reducida población. Según el Censo de 2017, cuenta con aproximadamente 260 habitantes, lo que evidencia un marcado contraste con su pasado de prosperidad.

A pesar de su reducido tamaño, Pisagua es un lugar cargado de memoria histórica, pero también de dolor y represión. La localidad ha sido escenario de violaciones a los derechos humanos en diferentes etapas del siglo XX, convirtiéndose en un símbolo de represión y muerte. Primero, fue un lugar de reclusión para personas homosexuales, víctimas de la discriminación social, legal y política de la época. Luego, durante el gobierno de Gabriel González Videla, la «Cárcel del pueblo» fue habilitada para el encarcelamiento y la concentración de militantes comunistas bajo la aplicación de la llamada “Ley Maldita”.

Finalmente, desde el mismo día del golpe de Estado de 1973, Pisagua fue utilizada como un campo de concentración para prisioneros/as políticos/as, donde la tortura, las ejecuciones y las desapariciones forzadas marcaron profundamente su historia.

 

Pisagua representa un contraste impactante: un lugar de represión y no libertad en medio de la inmensidad del mar y el desierto, paisajes que por su vastedad y belleza podrían evocar libertad, pero que se han convertido en mudos testigos de horrores.

 

El deterioro de su infraestructura refleja el paso del tiempo y el abandono. El Teatro Municipal de Pisagua y la Torre del Reloj, vestigios de su época de esplendor, se encuentran en un estado crítico de conservación. A pesar de los esfuerzos por restaurarlos, hasta 2025 estas iniciativas no han logrado concretarse. Estas construcciones, junto con otros lugares emblemáticos, son un recordatorio del pasado histórico y cultural de Pisagua, un pueblo que enfrenta el desafío de mantener viva su memoria y su identidad frente al olvido.

Descripción del campo

Tanto el campo de concentración de Pisagua como el de Isla Dawson se encontraban ubicados en zonas extremas del país (“Norte Grande” y extremo sur de Chile, respectivamente). Su ubicación geográfica, aislada y de difícil acceso desde las ciudades cercanas, y sus respectivos climas las hicieron lamentablemente sitios emblemáticos de detención, torturas, desapariciones y muertes.

Particularmente, Pisagua empezó a operar como campo de concentración para prisioneros/as políticos/as el mismo día del golpe de Estado y hasta octubre del año 1974, concentrando a cerca de 800 prisioneros/as. La localidad, que contaba con una base militar al momento del golpe, estuvo dirigida por la 6° División del Ejército de Chile, bajo las órdenes del Teniente Coronel Ramón Larraín Larraín y de los oficiales Juan Valencia y Plácido Muñoz Faúndez.

La cárcel de la localidad, construida en el siglo XIX para prisioneros comunes, fue el lugar en donde recluyen a opositores políticos tras el golpe militar, lugar que albergó, principalmente, a líderes de izquierda de la región, militantes del Partido Comunista, del MIR y de otras organizaciones ideológicamente amenazantes para los golpistas, pero también de otros sectores del país, como, por ejemplo, Valparaíso, siendo el 18 de septiembre del año 1973 el arribo de un barco proveniente de la ciudad-puerto con 50 prisioneros. A este lugar llegaron a sobrevivir, en celdas pequeñas y sin camarotes, muchas sin los vidrios en sus ventanas, donde debían permanecer y tratar de acomodarse para poder descansar y dormir.

Jorge ‘Chino’ Navarrete habla sobre el campo de concentración Pisagua.

Programa Sin Parche (temporada 3, episodio 1). TVN, 2021.

Pisagua, un poblado pequeño y aislado de los grandes centros urbanos, se convirtió durante la dictadura en un espacio de represión que abarcó toda la localidad, trascendiendo los límites de una simple cárcel.

El denominado campo de concentración de Pisagua integraba en realidad diversos espacios de uso cotidiano, como el Teatro Municipal, el mercado, los terrenos adyacentes a la antigua estación de ferrocarriles y la cancha. Estos lugares, que en otro momento habían sido símbolos de encuentro y comunidad, se transformaron en escenarios de trabajos forzados, humillaciones y torturas para los prisioneros/as políticos/as.

La convivencia en Pisagua adquirió un carácter siniestro y extraño. Mientras los detenidos eran sometidos a condiciones inhumanas, los habitantes de la localidad continuaban con sus vidas cotidianas, inmersos en una atmósfera de miedo y represión. Algunos, movidos por la empatía y el coraje, intentaron ayudar a los prisioneros/as pese al peligro que esto implicaba, convirtiéndose en testigos y, en ciertos casos, en cómplices silenciosos de actos de resistencia. Otros, por el contrario, adoptarán una postura de indiferencia o colaboración pasiva con las autoridades, en un intento de protegerse y evitar represalias.

La dualidad que marcó la vida en Pisagua refleja las complejidades de vivir en un lugar donde la brutalidad era constante y visible. La dictadura instaló no sólo el miedo, sino también una profunda fractura social, donde algunos habitantes se vieron obligados a convivir con el horror y otros, por decisión o imposición, prefirieron mirar hacia otro lado. Así, Pisagua no solo fue un campo de concentración: fue una comunidad fragmentada, atrapada entre el inmenso desierto y el vasto océano, cuyas dimensiones majestuosas contrastaba brutalmente con la pequeña y la miseria del sufrimiento humano que allí tuvo lugar.

Pisagua, Cementerio (equipo ANTECO, inédito, 2024)

Este carácter simbólico de Pisagua, como un lugar donde se enfrentaron la barbarie y la humanidad, deja una huella imborrable en la memoria histórica de Chile. No era solo un espacio de reclusión y tortura, sino un escenario de convivencia forzada entre víctimas y espectadores, marcado por la lucha diaria de tanto sobrevivir al horror como al impuesto del silencio.
Muchos de los detenidos fueron ejecutados, enterrados ilegalmente y/o lanzados al mar en los primeros años de la dictadura, los años más crueles, sin siquiera dar aviso a familiares. Muchos años después, luego de búsqueda constante por encontrar algo de justicia fue encontrada una fosa común el día 2 de junio del año 1990 que contenía cuerpos amontonados en su interior. Fueron 20 cuerpos encontrados, que dada las condiciones climáticas de la zona pudieron ser identificados, sin embargo, al día de hoy aún hay cuatro cuerpos que se desconoce su paradero.
Hoy en el cementerio de Pisagua se encuentra un memorial para los asesinados en la localidad y resguardada la fosa en que se encontraron los cuerpos los que pudieron ser identificados dando un poco de tranquilidad a sus familiares1.

Temporada concentracionaria en Pisagua

El campo fue un lugar que por sus condiciones climáticas ya constituía un espacio en que el habitar se transformaba en una tortura, debido a las altas temperaturas por el día, aspecto que se incrementaba al verse los/las prisioneros/as obligados a efectuar trabajos forzados, lo que se sumaba a torturas constantes y ejecuciones. Testigos relatan cómo algunos de ellos debían estar toda la jornada bajo el sol extenuante quemando sus pieles y deshidratando sus cuerpos o con la angustia constante de simulacros de ejecuciones.

De ese sol ensordecedor se pasaba a frías noches en que el abrigo escaseaba y sus cuerpos eran la única forma de darse calor. La situación de salud física y emocional de los/las prisioneros/as, por ende, era frágil, la cual se veía incrementada al no recibir visitas de sus familiares o amigos/as como tampoco de organizaciones.

La vida al interior del campo de concentración de Pisagua era una lucha constante por la supervivencia. Las condiciones eran extremas: precariedad, torturas sistemáticas y trabajos forzados bajo un calor sofocante durante el día y un frío intenso por las noches. A pesar de esta brutalidad cotidiana, se levantaba el compañerismo y la solidaridad, así un pan era compartido por todos y en medio de esta brutalidad e inhumanidad los prisioneros encontraron en el humor y la creatividad una forma de resistir y preservar su humanidad.

CR: En tu opinión ¿la actividad teatral conseguía levantarles el ánimo a los presos, en un campo tan brutal como Pisagua? ¿O era todo tan extremo que no era suficiente?

 

FS: Me siento bastante seguro de lo que te voy a decir, cuando te digo que sí la gente cambiaba de actitud. De la tristeza a la risa, de repente, y se ponían a conversar con el otro compañero, a decirle: «Qué buena esa»… El momento de la obra era el único momento que sucedía eso.

 

Terminaba la obra y se venía la parte negra otra vez. Entraban nuevamente en su estado. […] Es el acostumbramiento a la muerte.”

Francisco Sibulka Díaz, entrevistado por Corentin Rostollan-Sinet (inédito). Iquique, 2024.

En este campo se pueden identificar dos actos principales, cuyos orígenes son distintos.

Por un lado, en una primera instancia, nace alrededor del mes de octubre del año 1973 la iniciativa llamada Las Noches fantásticas de Lalo Cabrera, originada y ejecutada por los propios prisioneros al interior de sus celdas.

Por otro lado, en una segunda etapa del desarrollo del campo, diversos shows de teatro y sketches incentivados por las autoridades del campo de concentración y efectuadas al interior del Teatro Municipal de Pisagua; creación colectiva que culmina con la creación del musical El gran amor de Johnny Good.

Paradójicamente, lo que se convertiría en una salida de escape ante las privaciones y torturas recibidas en Pisagua fue obra de quienes eran los perpetradores, existiendo, en ambas acciones acuerdos explícitos o tácitos para su realización.

Así cada día que pasaba, la imaginación se convertía en un refugio. El trabajo conjunto y el apoyo mutuo entre los prisioneros se transformaron en estrategias esenciales para soportar la crueldad del encierro. Actividades como “Radio Pisagua” de Lalo Cabrera, especie de radioteatro ficticio que, a través de diversas acciones y principalmente el juego, devolvía la risa y el sentido de comunidad, se realizaban en el espacio mismo del campo de concentración (la Cárcel). Pero otras, como los show, veladas y musicales, aprovecharon el Teatro Municipal, lugar insigne de un pasado glorioso donde actuaron grandes estrellas del espectáculo.

Al “habitar” otro espacio del pueblo, fuera del mismo recinto de la Cárcel, los presos políticos del grupo de teatro entraban a la vez en contacto con las mujeres detenidas en un edificio colindante al teatro. A pesar de la separación y las condiciones inhumanas, lograron mantener vivos los lazos de solidaridad, utilizando el arte y el humor como métodos para sobrevivir a la opresión extrema, y convertir el teatro en un espacio de encuentro y de vida.

De este modo, lo que se efectuó en Pisagua fueron actividades que combinan cultura y entretenimiento mediante estrategias de diversas disciplinas que integran poesía, canto, humor, teatro, música, entre otros.

a. Las Noches Fantásticas de Lalo Cabrera

A partir del mes de octubre 1973, empieza a “transmitir” dentro del campo de concentración la apodada “Radio Pisagua”. No se trataba de una verdadera emisora radial sino que de una ilusión creativa, una metáfora de una radio local con lo que cada noche el campo, específicamente al interior de las celdas, se transformaba en un acto de narración oral colectiva y participativa.
Esta iniciativa, liderada por el ingenio del comediante, en aquel entonces estudiante de filosofía, Jorge “Chino” Navarrete, nació cuando él convenció a sus compañeros de buscar un respiro emocional frente a las constantes tensiones y negatividad que los invadía en su vida dentro del encierro. Ahí, narra Navarrete, nace el programa radial diario apodado: Las Noches fantásticas de Lalo Cabrera.

En “Radio Pisagua”, que no poseía ni antena, ni micrófonos, ni un lugar acorde, Navarrete se convirtió en el líder y animador de este radioteatro insólito y extremo.
Los actos para ser ejecutados por la noche se organizaban durante el día. Los prisioneros se anotaban en listas dando a conocer la acción que ejecutarán por la noche, que incluían relatos, chistes, canciones y diversas intervenciones artísticas, llevadas a cabo desde el interior de las celdas. Pese a la oscuridad y las condiciones desfavorables, el peor lugar de hacinamiento nocturno se transformaba en “escenario” y plataformas efímeros, configurando una teatralidad que se completaba a través de la convención de quienes eran partícipes, es decir, creando la magia de configurar otra realidad. En estas celdas, los prisioneros permanecían confinados, salvo para los trabajos forzados o una breve salida diaria para ir al baño.
A pesar de que inicialmente enfrentó algunas resistencias, la actividad fue tolerada de manera tácita por las autoridades del campo. El humor se convirtió en el eje central de estas intervenciones, al igual que en otras expresiones artísticas desarrolladas en diferentes campos de detención. Para Navarrete, el humor era más que una herramienta de entretenimiento; representaba un acto de resistencia psicológica y emocional. Según sus propias palabras: “El humor es la invulnerabilidad del ser que se niega a aceptar una situación traumática y, no solamente la niega, sino que la convierte en agradable»2.

En esta línea, puede entenderse la creación de una emblemática canción, o cortina musical, recordada por algunos ex prisioneros y que a través del humor y la ironía permitía emancipar su cotidianidad:

Jorge ‘Chino’ Navarrete habla sobre el campo de concentración Pisagua.

Programa Sin Parche (temporada 3, episodio 1). TVN, 2021.

ANTECO: ¿Tienes recuerdos de cómo empezaba el acto?

 

HQ: Empezaba con el coro ese… “Aquí en Pisagua / Todo el mundo se divierte /La comida es abundante / Para aquel simpatizante / Que ha venido a descansar…”; con esta canción que primero la cantaron algunos nomás. Tres o cuatro, que estaban en el tercer piso (yo estaba en el primero), esa canción la cantaban todas las noches, cuando apagaban la luz.

 

Partieron ellos y después, como la empezamos a aprender nosotros, la cantábamos toda la cárcel entera.

 

ANTECO: ¿Y luego de esta canción, se daba inicio al programa?

 

HQ: Al show. “Ya, ahora le presentaremos… Tal y tal”. Había uno muy bueno, me acuerdo, que me impresionó. Uno que imitaba al Sandro, ¿se acuerdan del cantante Sandro, el argentino? Ese que cantaba “Rosa”, y lloraba, qué sé yo. Ese tipo que lo imitaba, si en esa época hubiera usado eso para la tele, se habría hecho famoso, porque era como estar oyendo a Sandro.

 

ANTECO: Además que el resto de Uds no lo podían ver, porque estaban todos, cada uno en su celda…

 

HQ: Claro, y era oscuro en la noche, costaba verse las manos a veces… así que sólo se sentía, y sólo nos quedaba imaginarse al Sandro.

 

ANTECO: ¿Y cuánto tiempo duraba, más o menos? ¿El tiempo que cada uno aportaba?

 

HQ: Bueno, a veces nos quedábamos dormidos algunos. Pero daba igual, yo me quedaba dormido y el show seguía.

Haroldo Quinteros, entrevistado por el equipo de ANTECO (inédito). Iquique, 2024.

En ese contexto, donde la comida escaseaba (y eran algunos lugareños quienes, con temor ante represalias, les tiraban algunos mariscos) y la zona costera no significaba las tan ansiadas vacaciones, la ironía de ese coro parece casi brutal. Pero pese a lo evidente de la crítica, la canción se repetía diariamente, a tal punto que aún es recordada por muchos sobrevivientes hasta hoy.

Este tipo de iniciativas artísticas no sólo ofrecían un alivio momentáneo, sino que también demostraron la capacidad del ser humano para crear espacios de humanidad y solidaridad incluso en las condiciones más adversas, un momento de distensión antes de poder conciliar el sueño.

b. Creación colectiva, shows y El gran amor de Johnny Good

Entre las actividades teatrales concentracionarias realizadas en Pisagua destacan luego verdaderos montajes y espectáculos de entretenimiento, que surgieron en un contexto de constante tensión y deshumanización.
Como segundo capítulo de esta temporada teatral insólita, otra iniciativa nace a fines del mes de noviembre 1973, en manos de un grupo de prisioneros – y extendiéndose a otro espacio creativo: el insigne Teatro Municipal del pueblo.

Según recuerda Guillermo “Billy Willy” Morales Armas, la petición surgió del Teniente Coronel Ramón Larraín Larraín, Comandante del campo de concentración quien, de manera despectiva, le exigía a viva voz la presencia de “algún desgraciado” entre los prisioneros que tuviera algún talento, ya fuera para cantar, contar chistes o entretener. Lo anterior, porque las mujeres prisioneras de Pisagua se encontraban fuertemente afectadas por su situación de prisioneras y alejadas de sus familias.
El objetivo era entonces crear algún show para levantar el ánimo de ellas, las cuales se mostraban sin energías, sin ganas de comer o realizar ningún tipo de actividad. De esta manera, este primer acto, fue una mezcla de solidaridad hacia las compañeras, pero con tintes de obligación, ya que los prisioneros no entendían este gesto por parte de las autoridades, además que rehusarse podría ser la muerte.
De este modo, un grupo de prisioneros con ciertas habilidades artísticas se reunió apresuradamente. Con apenas diez minutos para ensayar y bajo un ambiente de miedo, prepararon lo que al día siguiente presentaría a las mujeres prisioneras en el Teatro de Pisagua. Así se llevó a cabo el primer sketch, en un escenario que reunía a prisioneras sentadas en las primeras filas, los prisioneros más atrás y los militares, quienes observaban desde lo alto del teatro, actuando como espectadores y vigilantes de cualquier posible gesto de subversión. Un aspecto relevante de estas actividades fue que representaron el único momento de interacción entre hombres y mujeres, quienes en su día a día permanecían completamente separados.
Este acto inaugural, animado por Andrés Daniel “el Negro”, quien era animador radial de Iquique, estuvo marcado por la tensión, los amedrentamientos y el pánico, elementos que dificultaron la fluidez inicial del espectáculo. No obstante, este primer paso dio origen a una continuación de presentaciones que se consolidarán con el tiempo.

Para Morales Armas, participar en estos espectáculos significó una ligera mejora en las condiciones de hacinamiento y aislamiento, ya que se les fue destinado otro espacio para el descanso, al tiempo que permitió a los prisioneros canalizar sus emociones a través de la creación artística. 

El grupo teatral llegó a contar con 70 integrantes, quienes lograron montar una de las obras más recordadas de Pisagua: una comedia musical titulada El gran amor de Johnny Good

Este trabajo se convirtió en el punto culminante de los espectáculos realizados en el Teatro Municipal de Pisagua, y fue presenciado no sólo por los prisioneros y militares, sino también por los habitantes del pueblo. 

La obra, de corte musical, tuvo como ejecutor una composición original creada por Morales Armas, utilizando un armonio que había quedado de la capilla de la ciudad y que los prisioneros arreglaron para usar en las presentaciones. La música fue un elemento esencial para el género elegido, la comedia musical, y en el documental La verdadera historia de Johnny Good es posible apreciar esta creación en los momentos que están al interior del teatro.

Teatro Municipal de Pisagua, exterior (equipo ANTECO, inédito, 2024)

Teatro Municipal de Pisagua, interior (equipo ANTECO, inédito, 2024)

Guillermo Morales Armas (Pisagua) sobre el musical El gran amor de Johnny Good

Extracto del documental La verdadera historia de Johny Good, dirigido por Pablo Tupper y Patricia del Río Díaz (Grupo Proceso, 1990). Centro Cultural La Moneda (online), Cineteca Nacional de Chile.

Resulta llamativo que estas actividades artísticas fueron percibidas como grandes eventos dentro de la ciudad, a pesar del contexto de represión y adversidad que dominaba la época.
Esta relevancia puede entenderse a la luz del legado del teatro obrero en la zona norte del país. Desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en el contexto del auge salitrero, el teatro obrero y otras expresiones culturales se consolidaron como una parte fundamental de la vida social de los pampinos y nortinos. Estas actividades no solo representaban un medio de entretenimiento, sino también un espacio de encuentro y construcción de comunidad en una región caracterizada por condiciones laborales y sociales extremas.
En este sentido, el teatro y la música formaban parte de una práctica cotidiana para estas comunidades, convirtiéndose en herramientas de cohesión social y resistencia simbólica frente a las desigualdades y dificultades de la vida en las pampas salitreras.

Estas actividades culturales en Pisagua, entonces, no pueden ser vistas únicamente como actos aislados, sino como una continuidad histórica de las luchas y las prácticas culturales que han definido a las comunidades nortinas. Así, el teatro en Pisagua adquirió un doble significado: por un lado, como un medio de resistencia simbólica en un espacio de represión, y por otro, como un acto de reivindicación de una tradición cultural que ya estaba profundamente arraigada en el tejido social del Norte de Chile.

Teatro de la Ex Oficina Salitrera Humberstone (equipo ANTECO, inédito, 2024)

Conclusiones

Estos actos culturales no sólo ofrecieron un espacio de alivio emocional, sino que también se convirtieron en una estrategia de resistencia simbólica. En un entorno donde la vida era frágil y la muerte siempre inminente, el teatro y la música demostraron ser herramientas poderosas para recuperar la dignidad, reafirmar la humanidad y construir un legado de creatividad y esperanza en medio de la adversidad.

El teatro y las acciones culturales realizadas en Pisagua durante la dictadura chilena representan un testimonio poderoso de resistencia frente a la deshumanización y el horror cotidiano.

 

Estas actividades no solo constituyen una estrategia de emancipación simbólica, sino también una forma de rescatar la subjetividad de quienes enfrentan un entorno marcado por el miedo, el sufrimiento y la incertidumbre de no saber si cada día sería el último.

 

A través de estas manifestaciones, los prisioneros lograron crear espacios de humanidad, donde el arte actuó como un refugio emocional y un acto de rebeldía frente a la opresión.

 

Aunque las condiciones político-sociales eran profundamente adversas, el teatro en este contexto adquirió una función trascendental: no solo ofrecía un respiro ante la deshumanización, sino que también conectaba a los prisioneros y habitantes con una tradición cultural que había moldeado su identidad colectiva.
Este bagaje cultural permitió que, incluso en un entorno tan opresivo como el campo de concentración de Pisagua, tanto los/las prisioneros/as como los habitantes de la zona reconocieran y valoraran estas expresiones como un momento de humanidad compartido.

 

Las representaciones teatrales y musicales en Pisagua no solo sirvieron como un escape emocional, sino que también reactivaron una memoria cultural enraizada en la resistencia y la dignidad de los trabajadores del norte – fenómeno que se puede observar también en el desarrollo de la temporada teatral concentracionaria en la ex oficina salitrera de Chacabuco.

 

1 Véase el informe del Secretariado Internacional de Amnesty International, accesible en línea: “Chile, Pisagua: se vuelven a abrir las investigaciones sobre la identidad de los restos humanos descubiertos en un enterramiento clandestino”, traducción de la Editorial Amnistía Internacional, España, abril de 1992. (volver al texto)

2 Jorge Navarrete, entrevistado para el programa televisivo MierdaMierda: la función debe continuar, capítulo 3. TVN, 2020. (volver al texto)

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