Temporada concentracionaria
Campo de Concentración Isla DawsonMapa de la Isla Dawson, sus asentamientos y poblados, y sus campos de concentración. Dibujo de Miguel Lawner (1976), en Lawner, M. (2003), La vida a pesar de todo. LOM, p. 5.
Ubicación y organización
A pocos días de acontecido el Golpe de Estado, en septiembre de 1973, en el extremo sur del país, bajo condiciones climáticas y de habitabilidad extrema, se crea el campo de concentración de Isla Dawson.
Ubicado en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, dicho campo se concreta cinco días después del golpe, el día 16 de septiembre. Con una superficie de 1.290 kilómetros cuadrados y una altitud de 975 metros, la Isla Dawson pertenece al archipiélago de Tierra del Fuego. Está separada de la Isla Grande de Tierra del Fuego por el angosto Canal San Gabriel, y se ubica a unos cien kilómetros de la capital de la región, Punta Arenas.
Localizada en el extremo sur del Estrecho de Magallanes, la isla limita al oeste con el estrecho, al sur con la cordillera occidental fueguina conocida como Darwin y al este con el canal Whiteside, que conduce al fiordo de Almirantzago. Esta zona posee un clima extremadamente duro, de tipo marítimo subantártico, y catalogado como una variante del clima de tundra.
Específicamente, la isla, situada directamente al pie de la Cordillera Darwin, posee vientos violentos y constantes, la nieve y la lluvia son muy frecuentes y la amplitud térmica durante las estaciones es muy reducida. Tales características climáticas son la razón de la escasa presencia de habitantes, siendo, por ende, un lugar idóneo para un campo de concentración, dada su lejanía con la capital del país y la privacidad al no existir grandes ciudades cercanas.
Antes del Golpe de Estado, la isla ya contaba con el establecimiento del ejército chileno en la zona. Situada bajo la jurisdicción de la Armada, estaba constituida con una base naval, un campamento para los soldados de Infantería de Marina, así como varias viviendas (constituyendo Puerto Harris una especie de aldea), donde vivían civiles y soldados, en su mayoría familias de marineros.
A partir del 11 de septiembre de 1973, el Campamento de Infantería de Marina fue reconvertido para detener a los primeros presos políticos magallánicos, detenidos el mismo día.
Descripción de los campos Compingim y Río Chico
Isla Dawson contó con dos campos de concentración sucesivos: primero Compingim (Compañía de Ingenieros del Cuerpo de Infantería de Marina) y luego Río Chico – que según su historia fue construido por la empresa “Jupemar”, propiedad del civil Juan Pedro Martínez (empresario magallánico).
Si bien no se puede establecer con exactitud el número de prisioneros, se estima que fueron entre 400 y 600 presos políticos arribados a Dawson desde, principalmente Santiago (ex miembros del gobierno de Allende, deportados de la capital poco después del golpe) y Punta Arenas (presos políticos locales de la Región de Magallanes) quienes se encontraban custodiados día y noche por la marina y el ejército de Chile.
Ambos recintos son emblemáticos de la genealogía arquitectónica nazi, pues responden a una estrategia de represión psicológica y aniquilación de identidad que combina la distancia geográfica y política con la sumisión a condiciones climáticas extremas.
Aquí llegaban los prisioneros sin saber su destino final, quienes vivieron situaciones límites, al ser hombres que eran considerados una amenaza para el nuevo orden establecido.
a. Campo de concentración Compingim
El primer campamento, Compingim, funcionó del mismo 11 de septiembre al 22 de diciembre de 1973, a cargo de las mismas tropas durante estos tres meses. A este campo llegaron los presos políticos del ex gobierno de Allende, deportados en avión desde Santiago el 15 de septiembre de 1973 y arribados a la isla en barco a las 6 de la mañana del domingo 16 de septiembre.
El campo de Compingim permaneció en funcionamiento hasta el 15 de diciembre de 1973, cuando todos sus prisioneros fueron trasladados definitivamente al recién construido campo de Río Chico.
La administración del campamento estuvo a cargo del comandante de la Sub base Naval de Dawson, conocido como comandante de la Isla, miembro de la Armada y reportando jerárquicamente al Comandante en Jefe de la Tercera Zona Naval. Durante todo el período de actividad de los campamentos dawsonianos, esta función será desempeñada por el Capitán de Corbeta Jorge Fellay Fuenzalida, anteriormente encargado del Regimiento Cochrane de Punta Arenas. Fellay Fuenzalida no habita directamente en el campamento, sino en la sede de la Base Naval, en la localidad vecina de Puerto Harris.
El mantenimiento del campamento estuvo a cargo del Mayor (Suboficial Mayor), Basilio Escobar. La importancia de Escobar para la realización de las actividades teatrales en Dawson es capital, según los entrevistados y datos que se tienen del campamento, fue el responsable de la logística de todos los espacios de la isla y quien permanecerá en su puesto a lo largo de toda la duración de ellos. No obstante, las autorizaciones relativas a la vida en el campo, la vigilancia y los métodos de represión dependían de la Guardia.
Campo de concentración Compingim. Dibujo del arquitecto y ex preso político Miguel Lawner Steiman, realizado en el año 1976. Fondo Miguel Lawner Steiman, Archivo Museo de la Memoria.
b. Campo de concentración Río Chico
El segundo campamento se construyó en la quebrada de Río Chico (de donde toma el nombre), a unos quince kilómetros al norte de la Base Naval de Puerto Harris. La construcción del campamento Río Chico se inició en noviembre de 1973, y sus primeros ocupantes fueron trasladados allí el 15 de diciembre desde el antiguo campamento de Compingim. Las instalaciones destinadas a los prisioneros se constituían de distintas barracas, cada una de ellas podía albergar a ochenta y seis individuos.
Estas dependencias estaban cercadas por alambres de púa y vigiladas desde cuatro puntos estratégicos a través de casetas con hombres armados con ametralladoras. La isla estuvo bajo jurisdicción de la Tercera Zona Naval de Chile, y dependía por tanto de la Armada. Este territorio, nacionalizado durante la reforma agraria de la Unidad Popular, fue cedido a las Fuerzas Armadas por el gobierno de Allende en agosto de 1972.
En Río Chico, la guardia era rotativa, alternando entre tres de las cuatro ramas de las Fuerzas Armadas: Ejército, Fuerza Aérea y Armada.
Testimonios dan cuenta que los métodos represivos varían según qué institución está a cargo. El primer comandante del Campamento Río Chico, en diciembre de 1973, fue el Capitán Paris. Luego lo sucedieron el Capitán Mario Zamora, en enero de 1974, y el Capitán Varas en febrero de 1974, del Ejército, del Regimiento Blindado de Punta Arenas. El 20 de marzo de 1974 la Infantería de Marina tomó el control del campamento al mando del teniente Eduardo Carrasco, y los subtenientes Jaime Weinderlaufer y Mario Tapia. Fue una guardia muy punitiva, que destacó por su dureza y el estado de represión muy intenso que impuso en el campo. Permanecieron a cargo del campamento hasta mediados de mayo de 1974. Posteriormente llegaron otros guardias, entre ellos soldados del Regimiento Caupolicán de Porvenir y del Regimiento Lanceros de Puerto Natales.
El campo de concentración Río Chico entró en servicio el 21 de diciembre de 1973. El mayor traslado de prisioneros se realizó para la Nochebuena de 1973.
Todos los prisioneros tenían un número correspondiente a su litera y el respectivo nombre de su barraca. Río Chico estaba estructurado en las barracas denominadas: Alfa, Bravo y Charlie. Luego, Alfa fue quedando vacía, al salir libres o trasladados a Punta Arenas, y distribuidos sus prisioneros a Alfa y Bravo. La barraca Charlie cambió de nombre y pasó a llamarse Remo. Mientras las autoridades nacionales (los jerarcas, como eran llamados irónicamente) detenidos de la Unidad Popular (UP), habitaban la barraca Isla.
Río Chico funcionó durante un periodo de aproximadamente diez meses. El comienzo de su cierre es a través de un primer traslado; el de antiguos miembros del gobierno de la Unidad Popular, el cual se llevó a cabo el 8 de mayo de 1974, vaciando las autoridades progresivamente el campo. La evacuación de los últimos detenidos, el 26 de septiembre de 1974, marcó el cierre del campo y, sin duda, el inicio de la empresa de demolición.
Al día de hoy, la Isla Dawson sigue bajo el control de la Armada de Chile, bajo la jurisdicción de la III Zona Naval. Con la notable excepción de un viaje en grupo muy publicitado (diciembre 1994), durante el cual a antiguos prisioneros dawsonianos se les permitió el acceso a lugares bajo el control de los marinos y, en el marco de la conmemoración de los 50 años del Golpe donde ex-presos políticos, familiares y autoridades recorrieron la zona el 13 de junio del 2023, no se permiten visitas a civiles y no hay otro medio que los transbordadores del ejército para llegar a Dawson. Sin embargo, el campamento está declarado Monumento Histórico desde 2010, a través del decreto Nº 132 del 12 de abril y según la Ley de Monumentos 17.288, artículo 38 y, por ende, se debe garantizar el libre acceso.
Construcción del campo de concentración Río Chico. Fondo Abel Esquivel Querci, Archivo Museo de la Memoria.
Temporada dawsoniana
El repertorio que se describe a continuación es el resultado de una reconstrucción colectiva en vínculo con testimonios orales y/o escritos de los ex prisioneros dawsonianos Armando Figueroa, Miguel Lawner, Manuel Hernández, Alejandro Olate, Marco Barticevic, Manuel Luis Rodríguez y Mario Galetovic. Todos fueron entrevistados por Corentin Rostollan-Sinet, responsable del proyecto ANTECO, entre el año 2016 y 20181.
Según Armando Figueroa, actor y director de teatro de la Universidad Técnica de Magallanes, la primera actividad teatral dawsoniana ocurre con motivo de la Nochebuena del año 1973.
No obstante, el origen como tal de la temporada teatral dawsoniana se basa esencialmente en la creación colectiva y en la formación de un grupo teatral, pero ésta no surge hasta abril o mayo de 1974.
Todos los presos que integran el grupo de teatro en cuestión pertenecen al cuartel Remo (antes Charlie), formado a partir de la agrupación de los números “completados” en el período febrero-marzo de 1974.
De regreso de la leña. Dibujo de Miguel Lawner Steiman (1974). Archivo Museo de la Memoria.
Impulsador de esa actividad, Armando Figueroa cae detenido el 12 de septiembre de 1973, a la edad de 37 años. Condenado en primera instancia a diez años de prisión, se encuentra encarcelado en Dawson entre el mes de marzo y el mes de septiembre de 1974; y luego exiliado a partir de 1976. Hay que entender entonces que a pesar de una práctica muchas veces denominada como «colectiva» y «basada en la improvisación», el grupo de teatro tenía a Armando “Piquete” Figueroa como director y guionista principal; los demás presos desempeñándose en actuación o tareas de construcción escenográfica y de vestuario.
La cotidianidad en Dawson dependía esencialmente del ejercicio del trabajo forzado: cortado de leña, faena y levantamiento de postes – todo bajo las extremas condiciones climáticas de la Patagonia subantártica.
Las distintas acciones previas para generar las actividades teatrales se realizaban entonces, mayormente, luego de las 22 horas, horario del toque de queda (después del cual ningún prisionero podía realizar movimientos fuera de sus espacios para dormir, ya que se exponían a disparos sin previo aviso). Este es el tiempo que aprovechan los presos para establecer juntos los planos de las obras, los proyectos de puesta en escena, y los momentos en que posiblemente confeccionan colectivamente los vestuarios.
Es importante señalar que también se realizaron, aparte del teatro, otras actividades culturales y artísticas en Dawson: lectura, grabado en piedra, canto, coros hablados, charlas en el cuartel, música instrumental (guitarra y otros instrumentos autorizados en el campamento, pero también “bricolaje”).
Faena de postes. Dibujo realizado por Miguel Lawner (1973). Archivo Museo de la Memoria.
a. Características de los ensayos y presentaciones
Se ensayaba dentro de las barracas, después del toque de queda. Las representaciones tenían lugar durante el fin de semana, de forma menos regularizada que en otros campos de concentración del país; pero siempre dentro del comedor “adaptado” para la presentación, y en horarios después de la cena (alrededor de las cinco o seis de la tarde).
A las representaciones asistían prisioneros de todas las barracas menos Isla, donde se encontraban relegados los ex ministros y colaboradores políticos de Allende; así como soldados del campo y algunos invitados ocasionales traídos desde Puerto Harris (en particular, familiares del Comandante de la Isla).
La realización de esas actividades es aleatoria, pues depende tanto del ambiente represivo reinante en el campo en ese momento como de la presencia, el estado físico y psicológico y la supervivencia de sus participantes.
El grupo de teatro lograba conseguirse materiales para realizar maquillaje, utilizando, por ejemplo, carbón. Igualmente, todas las escenografías y complementos estaban diseñados con material reciclado (cartón, ropa, ganchos de hierro, aserrín, papel bristol, aislantes térmicos, etc.), o más raramente son traídos del exterior por marineros o por organizaciones humanitarias. Los proyectores se fabricaban con cubos y latas; y las tropas a cargo del mantenimiento del campo ayudaban a proporcionar cables y energía eléctrica a los prisioneros.
Mucho material provenía del mismo almacén del Suboficial Mayor Escobar. Todo el equipamiento utilizado para el montaje teatral era recuperado por los militares al finalizar la función, para prevenir cualquier suicidio o utilización “no artística” de las utilerías.
Los espectáculos duraban entre cuarenta minutos y una hora, y estaban compuestos por sketches y pequeñas escenas de una duración aproximada de diez minutos.
Dos prisioneros conversando. Fotografía sacada en el campo de concentración de Isla Dawson (1974). Fondo Abel Esquivel Querci, Archivo Museo de la Memoria.
b. La Nochebuena 1973: preámbulo a la temporada teatral dawsoniana
Lo acontecido la Nochebuena de 1973 puede ser considerada el primer acto artístico colectivo en Dawson.
Al inaugurarse el campo de concentración Río Chico, con la llegada el 21 de diciembre de 1973 de los primeros prisioneros magallánicos y los trasladados desde Compingim el mismo 24 de diciembre de los “jerarcas” de la UP, esta actividad marca también el primero (y único) momento de encuentro entre todos los contingentes de presos políticos del campo.
El Capitán de Ejército Enrique Paris, quien estaba a cargo del campamento en esos momentos, fue responsable de autorizar este evento. La velada artística incluyó rondas de chistes, música y canto. El género musical interpretado (ambientado en la nueva canción chilena) y la celebración de artistas mártires de la dictadura como Víctor Jara o Pablo Neruda señala el carácter muy excepcional de semejante actividad; pues la libre expresión de una cultura artística-política común, dentro de un campo de concentración y delante de eminentes miembros del gobierno socialista caído (como Orlando Letelier) aparece de repente como una búrbuja subversiva particularmente insólita a pocas semanas de sucedido el Golpe.
Este acto artístico primigenio ya comunica cierta orientación estética y política a lo que se convertirá en una temporada teatral dentro del campo. Destaca también la presencia en esta ocasión de formatos de expresión popular como la ronda de chiste, práctica artística-social muy propia de Chile y que contará entre los fundamentos de espectáculos dawsonianos posteriores.
Desde mi litera. Dibujo realizado por Miguel Lawner Steiman en el campo de concentración de Isla Dawson (1974). Fondo Miguel Lawner Steiman, Archivo Museo de la Memoria.
c. Un homenaje a las Glorias Navales
Con motivo del 21 de mayo de 1974 (festividad patriótica que se celebra en Chile bajo el apodo de “Glorias Navales”, a modo de aniversario del Combate naval de Iquique), surgió a manos del grupo teatral dawsoniano recién formado la organización de este festivo.
Iniciativa de los presos políticos, quienes propusieron a la cúpula militar participar a su manera en esta celebración patriótica, se efectuó un acto artístico teatral buscando esconder su sátira del ocaso naval chileno – pues ese día en el que murió el capitán Arturo Prat, considerado héroe de la patria, es también el día de la derrota chilena contra la flota peruana y del naufragio de la Esmeralda.
Los testimonios dan cuenta que se habló con un Mayor en retiro de la Armada quien consiguió el permiso, para lo cual debieron redactar un escrito. El día de la celebración, los marinos se vistieron de etiqueta; la comida fue de fiesta, con desayuno con torta y almuerzo con empanada y mote con huesillo; y la jornada de trabajo forzada se canceló para organizar un partido de fútbol.
Luego de la cena, se dio inicio a la presentación teatral con un coro, una serie de chistes y la teatralización de un discurso de homenaje a Arturo Prat cuyo doble sentido parece haber pasado desapercibido por los marinos. Después de finalizar el acto teatral, el Mayor, vistiendo todas sus condecoraciones, pronunció el siguiente discurso: “La historia nos ha colocado en distintos planos; sin embargo, todos somos chilenos”.
Este discurso contrasta con el discurso habitual de las guardias concentracionarias chilenas, represivas, agresivas y disciplinarias. Consta el dibujo realizado en campos de concentración por Miguel Lawner, y titulado El discurso de Weidenlaufer:
El discurso de Weidenlaufer. Dibujo realizado por Miguel Lawner Steiman (1976). Fondo Miguel Lawner Steiman, Archivo Museo de la Memoria.
El Homenaje a las Glorias Navales aparece como un acto alegórico muy contextual, que llega a extremar la exageración de un elogio a lo propiamente militar. Cargado de humor político, su realización depende sin embargo y fundamentalmente de una buena cuota de doble sentido, con el fin de evitar la censura y el castigamiento.
Constituye también un acto inaugural para las actividades del grupo de teatro dawsoniano; pues como bien señala Figueroa,
“Los chistes crearon una situación muy entretenida, y los soldados que custodiaban el campamento dijeron entonces que permitirían el teatro el sábado siguiente. Y así sucesivamente, todos los sábados a partir de esta fecha.
[…] Cuando lo pienso, fue la primera vez en mi vida que actué frente a tantas personas… Nunca había estado en un teatro tan, tan lleno”.
Armando Figueroa, entrevistado por Corentin Rostollan-Sinet (inédito), Quilpué, 2016.
Se puede inferir que es gracias a la dimensión satírica con la que están adornadas estas primeras manifestaciones, las cuales eran autorizadas; y un manejo cuidadoso del doble sentido para esconder el contenido político de las actividades futuras; que se permitieron, en pos de esa fecha, la autorización y reiteración de dichas actividades teatrales.
d. La serie Frankenstein
En pos del 21 de mayo 1974, el grupo de teatro dawsoniano inaugura una serie de montajes que se incorporarán al show semanal, siguiendo a una trama narrativa y unos personajes inspirados en la cultura televisiva de la época: la serie Frankenstein.
Para la realización de esta “serie teatro-televisiva”, Armando Figueroa es el guionista, director y actor del protagonista principal: el Doctor Frankenstein. La fuente de inspiración principal ahí es evidentemente el famoso personaje de Barnabas Collins; y el preso político Manuel Hernández, actor frecuente del grupo dawsoniano, asume lógicamente el papel del asistente de Frankenstein: el enano Tacanaca. Otro asistente del doctor, protagonizado por Áquiles Gallardo, contrasta con el Tacanaca; pues Gallardo es alto y flaco, imponente – mientras Tacanaca es un enano jorobado, suerte de reinterpretación malvada del personaje Quasimodo.
Ahí se elabora un modelo de creación colectiva que combina la improvisación de los actores, con todas sus particularidades físicas e histriónicas, con un trabajo de composición dramatúrgica realizado por Armando Figueroa (desde un boceto inicial hasta el diseño del guión final).
La serie Frankenstein inicia con el sketch de La Operación del Dr Frankenstein. De una duración de unos quince o veinte minutos, el dispositivo escenográfico representa a un pabellón quirúrgico. Los personajes, vestidos con trajes blancos, manipulan utensilios médicos y desarrollan diversas acciones grotescas en torno a un “paciente” invisible que se encuentra tendido en la mesa y envuelto en sábanas. Del cuerpo del paciente, extirpan despojos de vacuno, proporcionados por la cocina del campo – elemento impactante si uno considera que a los presos dawsonianos se le prohibía el consumo de carne.
El público, hambriento y carente en proteínas, presenciaba entonces una farsa grotesca donde a un paciente imaginario se le “transplantaba” un corazón de vacuno humeante (después de haberlo bañado en un balso de agua hervida) en un acto de humor negro profundamente contextual.
Almuerzo de pesadilla. Vista del comedor del campo de concentración de Isla Dawson, dibujada por Miguel Lawner Steiman (1974). Fondo Miguel Lawner Steiman, Archivo Museo de la Memoria..
Después de este primer sketch, la trama narrativa de esos tres personajes góticos y grotescos se continua a través de otros actos refiriendo a la realidad del hambre que viven los prisioneros concentracionarios – o, más precisamente, jugando con la misma. Se presentan así la escena del Bistec a lo pobre, ubicada en un restaurante, y cuya fuerza dramatúrgica reside en las apetecibles evocaciones y descripciones de una comida sin ningún elemento que represente directamente el alimento en cuestión; o la escena del Asado, igualmente ambientada en el hambre obsesivo de los internados.
El hecho de que semejantes obras se hayan montado dentro del comedor concentracionario, en medio de una isla perdida en el fin del mundo y delante de un público de presos hambrientos y sometidos a un frío, un viento y una oscuridad desesperanzadores no deja de impactar el lector contemporáneo. Sin embargo, importa destacar que la dramaturgia concentracionaria, sea en Dawson o en otros campos, siempre se ambienta en un contexto de violencia para llevarlo a otro espacio ficticio y deformador.
Otras obras de la serie Frankenstein se alejarán de la realidad inmediata del campo para adoptar una tonalidad más evasiva, parecida a la dramaturgia del grupo puchuncano con su adaptación encarcelada del Principito.
Así es que el grupo dawsoniano escenifica un Viaje bajo el mar inspirado en Julio Verne, con escenografía a base de cartulina representando olas y un submarino rodeado de pequeños peces suspendidos por cables. Los tres protagonistas habituales visten una escafandra, probablemente también de cartón, y sólo son visibles a través de su ventanilla. La fábula se basa en su viaje hacia el fondo del mar, que pasa a su alrededor; y su punto culminante subversivo reside en el paso frente a ellos de un tiburón, puntuado por la respuesta de Frankenstein: “¡Atención, sargento, a sus órdenes!”
También podemos incluir en el relato de estas aventuras más directamente oníricas el sketch del Vuelo en avión, que representa, a través de la mímica de su trayectoria en escena, el vuelo de un avión sin alas, fabricado con cartón pintado, alambre y aislamiento térmico.
Mediante el uso de un marco dramatúrgico basado en los viajes (bajo los mares o a través del cielo), la fábula apunta evidentemente a la realidad del encierro, a fortiori en una isla de la que sólo se puede salir por vía aérea o marítima; y destaca la práctica de la fuga que constituye el teatro en el campo.
Conclusiones
De manera general, la creación del grupo teatral dawsoniano se basa en la realidad inmediata del campo: la cohabitación con el bando militar, sus rituales y su disciplina marcial; la omnipresencia del hambre y la privación; o el hacinamiento extremo de una isla abandonada al otro lado del país y del mundo. Por ende, produce objetos dramáticos que luchan con esa realidad: la experiencia vivida por el sujeto del campo de concentración es, por así decirlo, puesta en juego al mismo tiempo que se encuentra frustrada.
Pero destaca también que, desde su génesis como celebración satírica de las Glorias Navales, las prácticas teatrales dawsonianas han dependido de la autorización del personal militar – y muy precisamente, de las buenas relaciones que mantenían los prisioneros (y especialmente el director del conjunto, Armando Figueroa) con el Suboficial Mayor Escobar.
La posibilidad que semejantes actividades hayan podido suceder en el campo aparece en realidad como el resultado de un esfuerzo combinado entre los dos bandos: prisioneros y militares.
El teatro dawsoniano no pertenece a una clandestinidad; sino que surge como excepcionalidad reconducida, y como espacio de encuentro momentáneo entre presos y soldados.
En particular, la cooperación técnica del bando militar en la construcción escenográfica y de vestuarios y utilería es significativa – y antecede lo que presenciaremos en una fase posterior del fenómeno teatral concentracionario.
Finalmente, la corta temporada teatral dawsoniana da cuenta del carácter sistemático del fenómeno teatral concentracionario, extendiéndose desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia fueguina y respondiendo a las mismas lógicas esenciales: un formato de expresión popular, inspirado en la cultura folclórica, televisiva y cómica del país cuyo poder de identificación excede la sola comunidad de los presos, e incluye también a los soldados y oficiales.

